EL ZORRO DEL DESIERTO.
el mariscal de
campo alemán que fue ovacionado por el enemigo.
JUAN GARNICA | HISTORIA | 27
Octubre 2019.
El Gran Zorro del
desierto.
Palabras claves: Respeto, Honor, admiración. Triunfos, traición.
El presente trabajo
no es para tratar de justificar las acciones que hizo el ejército alemán
durante el conflicto mundial. Es para reconocer que como en todos los ejércitos
del mundo se les enseña a seguir ordenes no importa sí. Están mal, ya que ha
existido un pensamiento que ha existo desde tiempos remotos y sigue vigente en
los ejércitos de la actualidad que el mando nunca se equivoca y si lo hace pues
vuelve a mandar y en este trabajo solo se quiere presentar unos de los logros
de un hombre que, aunque peleo para un régimen equivocado fue capaz de dejar
huella en sus hombres que estuvieron a su mando, así como a los adversarios que
enfrento. Y dejo un legado a las nuevas generaciones que como a un servidor
marcaron.
Como ya se mencionó
este trabajo no trata de justificar nada solo. Tiene la finalidad de que se
conozca un poco de historia de este Mariscal de campo alemán y que se pueda
generar un momento de reflexión en lo que tuvo que pasar para dejar una huella
en los anales de la historia. Y que basado en fuentes confiables se pueda
conocer más a fondo el nombre de Erwin Johannes Eugen Rommel o mejor conocido
solo como Erwin Rommel. Y entender porque se ganó el respeto de sus enemigos y
el famoso apodo que al escucharlo nos recuerda a un personaje que formo parte de la historia de un país (el zorro del desierto).
Un hecho que ha
marcado a la humanidad. En siglo 20 fue el acontecimiento que fue la segunda
guerra mundial donde las pérdidas humanas fueron de proporciones inimaginables.
Que a través del tiempo han surgido diferentes formas de explicar que fue lo
que aconteció dentro de este evento que involucro a gran parte de los países
del mundo. Al mencionar este evento lo primero que viene a la mente de la gente
es los hechos atroces que hicieron los alemanes en los campos de exterminio. O
las muchas brutalidades que hicieron en el campo de batalla.
Pero la verdad
tiene varios puntos de vista y la mayoría de la gente se deja de llevar por lo
que se escribe a favor de unos cuantos. La historia nos ha demostrado que en
los diferentes tiempos. La escribe el ganador siempre a su favor engrandeciendo
sus propios actos y haciendo que los de los enemigos sean los abominables para engrandecer y fortalecer el patriotismo de un país.
Tal es el caso del
Mariscal de campo Erwin Rommel. Que peleo hasta el final con una caballerosidad
en el campo de batalla. Pero que solo unos cuantos reconocen que fue un militar
excepcional. Capaz de dar pelea con los pocos recursos que tenía a su alcance.
El Gran Zorro del
desierto.
Palabras claves: Respeto, Honor, admiración. Triunfos, traición.
El presente trabajo
no es para tratar de justificar las acciones que hizo el ejército alemán
durante el conflicto mundial. Es para reconocer que como en todos los ejércitos
del mundo se les enseña a seguir ordenes no importa sí. Están mal, ya que ha
existido un pensamiento que ha existo desde tiempos remotos y sigue vigente en
los ejércitos de la actualidad que el mando nunca se equivoca y si lo hace pues
vuelve a mandar y en este trabajo solo se quiere presentar unos de los logros
de un hombre que, aunque peleo para un régimen equivocado fue capaz de dejar
huella en sus hombres que estuvieron a su mando, así como a los adversarios que
enfrento. Y dejo un legado a las nuevas generaciones que como a un servidor
marcaron.
Como ya se mencionó
este trabajo no trata de justificar nada solo. Tiene la finalidad de que se
conozca un poco de historia de este Mariscal de campo alemán y que se pueda
generar un momento de reflexión en lo que tuvo que pasar para dejar una huella
en los anales de la historia. Y que basado en fuentes confiables se pueda
conocer más a fondo el nombre de Erwin Johannes Eugen Rommel o mejor conocido
solo como Erwin Rommel. Y entender porque se ganó el respeto de sus enemigos y
el famoso apodo que al escucharlo nos recuerda a un personaje que formo parte de la historia de un país (el zorro del desierto).
Un hecho que ha
marcado a la humanidad. En siglo 20 fue el acontecimiento que fue la segunda
guerra mundial donde las pérdidas humanas fueron de proporciones inimaginables.
Que a través del tiempo han surgido diferentes formas de explicar que fue lo
que aconteció dentro de este evento que involucro a gran parte de los países
del mundo. Al mencionar este evento lo primero que viene a la mente de la gente
es los hechos atroces que hicieron los alemanes en los campos de exterminio. O
las muchas brutalidades que hicieron en el campo de batalla.
Pero la verdad
tiene varios puntos de vista y la mayoría de la gente se deja de llevar por lo
que se escribe a favor de unos cuantos. La historia nos ha demostrado que en
los diferentes tiempos. La escribe el ganador siempre a su favor engrandeciendo
sus propios actos y haciendo que los de los enemigos sean los abominables para engrandecer y fortalecer el patriotismo de un país.
Tal es el caso del
Mariscal de campo Erwin Rommel. Que peleo hasta el final con una caballerosidad
en el campo de batalla. Pero que solo unos cuantos reconocen que fue un militar
excepcional. Capaz de dar pelea con los pocos recursos que tenía a su alcance.
Fue el mariscal de campo más joven
de la historia alemana. Sus cualidades y su valor, tanto en la Primera como en
la Segunda Guerra Mundial, hicieron de él el oficial más respetado por los
Aliados.
Dos años antes de
la Primera Guerra Mundial, Erwin es un formidable instructor de tropas: pasión,
capacidad didáctica, cuerpo incansable, y casi un asceta: no fuma, no toma alcohol –un alemán raro
avista–, no frecuenta bailes (¡y menos cuevas non sanctas!), y en todo momento
se comporta como un caballero: rasgo que lo acompaño toda su vida.
Pero aún le faltaba el bautismo de sangre. Y sucedió el 22 de
agosto de 1914 en la frontera franco–belga. Marcha sólo con dos soldados y un
suboficial, descubre una patrulla de veinte soldados franceses acampados, ¡y
abre fuego! Cuatro contra veinte. Mata a la mitad, y bate en
retirada…sin bajas propias.
Un mes después, como enlace en solitario, se topa con una
patrulla de cinco soldados franceses. Dispara. Mata a dos. Y en lugar de
recargar su fusil, carga a la bayoneta contra los otros tres, que huyen.
Por esa acción gana su primera medalla: la Cruz de Hierro de
segunda clase. Seguirían la Cruz de hierro de Primera Clase, la Cruz de Hierro
con hojas de roble, espadas y diamantes, la Orden Pour le Mèrite, la Insignia
de Asalto Panzer en Plata, y la Medalla de Herido, en Oro.
Al estallar la Primera Guerra Mundial fue
enviado con su regimiento a la zona del Argonne. Rápidamente destacó por su
valor y fue ascendido a teniente. Recibió su primera herida al quedarse sin
munición y atacar en solitario con la bayoneta calada contra tres soldados
franceses. También destacó por su audacia, dando golpes de mano tras las líneas
enemigas. Se ganó un gran respeto entre sus hombres, ya que siempre
iba al frente de los mismos. Galardonado en 1915 con la Cruz de Hierro de
primera clase, fue adiestrado en guerra de montaña y enviado al frente rumano.
También destacó por su audacia, dando golpes de mano tras las
líneas enemigas. Se ganó un gran respeto entre sus hombres, ya que
siempre iba al frente de los mismos. Después le
transfirieron al frente italiano, donde consagró su imagen de intrépido en el
Matajur. Escaló con sus hombres más de 2.000 metros y cayó por la retaguardia
sobre los italianos. En 52 horas, y con solo seis bajas, capturó a 150
oficiales, 9.000 soldados y 81 cañones. Su hazaña le deparó el ascenso a
capitán.
Una muestra de su astucia fue el modo en que poco después
tomó Longarone con un puñado de hombres. Hizo disparar desde distintas
posiciones, lo que convenció a la guarnición de que estaba rodeada y la llevó a
la rendición. Fue condecorado con una de las principales distinciones
alemanas, Pour le
Mérite, hasta entonces reservada a los generales. El final de
la guerra le sorprendió como integrante del Estado Mayor del 64 Cuerpo de
Ejército.
Alemania capitula.
El Tratado de Versalles
permitió que las fuerzas derrotadas se redujeran a cien mil hombres liderados
por cuatro mil oficiales de élite: Ejercito de la república de Weimar... que debía crecer de la mano de un lider militar. y ese hombre fue Rommel.
Dedicado a eso en cuerpo y
alma, el primer día de abril de 1932 fue puesto al mando del Tercer Batallón
del 17º Regimiento de Infantería de Montaña. Y en el desfile de la Pascua de 1935… se
encontró por primera vez con Hitler.
Su relación
con Hitler empezó en Goslar, cuando este se fijó en la preparación de su
regimiento. Rommel, con él en cabeza, hacía subir y bajar un monte cuatro veces
seguidas. Era un maniático del adiestramiento continuo. Afirmaba
que “sudar ahorra sangre”.
En 1937, a la luz de su vasta experiencia en combate, el
favorito del Führer desde aquel episodio publica su único libro: Infanterie
greift an (La Infantería ataca), repetido en decenas de ediciones, traducido a
varios idiomas y biblia guerrera de lectura obligatoria en infinitas academias
militares del mundo.
La obra sorprendió gratamente a Hitler, que le
nombró comandante en jefe de su batallón de de escolta durante sus visitas a Austria y , ya estallada Segunda Guerra Mundial, a los Sudestes,
Praga y Polonia. Rommel, ascendido a general, aprovechó estos viajes para
estudiar sobre el terreno la manera de llevar a cabo la Blitzkrieg (guerra
relámpago). Su estrecha relación con Hitler le permitió acceder
al mando de la 7ª División Panzer, a pesar de las protestas del Estado Mayor
alemán. el 15 de febrero de 1940, el Zorro alcanzó el cenit de su
carrera: la Séptima División Panzer. Que sería llamada "La división
fantasma" por la sorpresa, la velocidad y la destrucción con que ese Deutsches
Afrikakorps se adueñaba de cuánto objetivo se proponía usando la letal técnica
de la Blitzkrieg –la guerra relámpago–, y con su jefe al
frente, muchas veces a riesgo de morir en combate…
¿Superhombre?
En 1941, tras ser ascendido
a teniente general, Hitler le ordenó que se hiciera cargo del Afrika
Korps. Formado por la 5ª y la 15 división Panzer,
debía acudir al norte de África en ayuda de los aliados italianos, que estaban
siendo arrollados por las tropas de la Commonwealth. Desembarcó en Trípoli y,
nada más llegar, puso a prueba su astucia. Ordenó desfilar a sus tropas
haciendo que cada carro diese varias vueltas para que el contingente pareciese
mucho mayor.
Su
implacable ataque desalojó a los británicos de El Agheila y Mersa Brega. Poco
después se hallaba en Bardia-Solum, obligando a los británicos a atrincherarse
en Tobruk. Fue tan vertiginosa su progresión y tal el cúmulo de triquiñuelas
usadas en el campo de batalla que la leyenda de Rommel trascendió sus propias
filas para alcanzar las líneas británicas, en donde se le bautizó como “el zorro del desierto”.
Sus éxitos
le depararon la Cruz de Hierro con hojas de roble, espadas y diamantes tras la
toma de Bengasi, y el ascenso a mariscal de campo, el más joven de la
historia de Alemania. Espartano hasta la médula, lo celebró, tras la
conquista de Tobruk, tomando con su Estado Mayor una lata de piña y un vaso de
whisky de los británicos.
Perseverancia.
La
guerra del desierto estaba hecha “para jóvenes”, decía Rommel. Sin embargo,
pese a sus 50 años, se mantenía firme. No parecían afectarle ni el frío ni
el calor, ni el hambre ni la sed. Como Napoleón, tenía suficiente con unos
minutos de sueño, apoyando la cabeza en la mesa o en el volante del coche.
Dormía en el suelo, recibía el mismo rancho y la misma ración de agua que la
tropa y los prisioneros –que, en momentos difíciles, fue de media taza al día–.
Al desierto sólo llevaba dos rebanadas de pan y una cantimplora con té frío que
solía regresar llena. Bebía un vaso de vino mientras oía las noticias por radio
y todas las noches escribía una carta a su esposa. Después despachaba los
documentos oficiales y leía la prensa y algún libro de estrategia militar o de
historia del norte de África. Como en Francia, Rommel siempre iba al
frente de sus tropas, por entonces en un Dorchester capturado
a los británicos.
A
sus hombres les reconfortaba verle a su lado, escrutando el horizonte con los
gemelos que había requisado al capturar al general británico Richard O’Connor.
Rommel era muy estricto con sus oficiales, nunca les admitía que algo fuera
imposible; en cambio era cordial con la tropa, con la que siempre tenía
una broma que gastar. Le gustaba encontrarse con soldados de Suabia para hablar
con ellos en su dialecto.
Siempre
liderando su Blitzkrieg,
batió en retirada a los ocupantes y recuperó Tobruk: sus 33 mil defensores se rindieron.
Pero la sombra de la derrota y de su buena estrella fue el Alamein, a
cien kilómetros de Alejandría. Rommel cayó con tanques, armas y bagajes. Se
quedó sin gasolina –error de Hitler–, y los aliados, con la máquina Enigma,
detectaron todos los mensajes secretos alemanes.
La decepción.
Pese a que
reciclaba todo vehículo y arma capturados a los británicos, solo le
quedaban 50 carros de combate operativos. Sus tropas estaban exhaustas. No
le llegaban suministros ni gasolina, ya que los británicos controlaban el mar y
el aire desde Malta. Por otro lado, la campaña de Rusia acaparaba todos los
esfuerzos alemanes. Enfermo, regresó a Alemania y aprovechó para entrevistarse
con Hitler. Solo recibió de él vanas esperanzas sobre “nuevas armas” que cambiarían
el curso de la guerra. Se sintió defraudado.
Ante el
desastre y la segura masacre de sus hombres, Rommel ordenó retirada. Hitler
enloqueció y lanzó su eterna y delirante orden: la que no acalló ni siquiera
cuando los aliados golpearon las puertas de su bunker:
–¡Nada de retiradas! –un
aullido que condenaba a muerte a los suyos. Rommel llega a la conclusión de que
a Hitler no le importa la vida de nadie.
EL DIA D.
Y llegó el principio del fin. El 6 de junio de 1944. El Día
D. La Operación Overlord. El mayor ataque por aire, mar y tierra de la historia
moderna. Y ante esa ola apocalíptica… los peores errores estratégicos de
Hitler. Nada pudieron hacer Rommel y sus blindados. La guerra, el sueño
del Tercer Reich de los Mil Años, era sólo muerte, ciudades despedazadas, papel
mojado…
Rommel pensaba que el desembarco tendría lugar en Normandía, pero tanto el mariscal como el Führer estimaban que se haría por el
paso de Calais, la zona más estrecha del canal de la Mancha. Von Rundstedt no
le dio permiso para agrupar las unidades blindadas en torno a las playas y las
mantuvo en el interior. De atender a Rommel, quizás el día D habría tenido
otro resultado.
Cuando se produjo el desembarco, en junio de 1944, Rommel había
regresado a Alemania para celebrar en Herrlingen el cumpleaños de su mujer;
estimaba que, dado el mal tiempo reinante, se aplazaría la invasión. No fue
así, y tuvo que regresar de inmediato a su cuartel general en La
Roche-Guyon. Rommel se fue convenciendo de que la guerra no podía
ganarse y se lo hizo saber a Hitler. Este le consideró un derrotista.
El Gran Complot.
El comienzo de esta historia nos lleva hasta 1944, un año en
que el viejo Zorro ya empezaba a barruntar que era imposible ganar la Segunda Guerra Mundial. Según parece, se
preocupó de que muchos de sus allegados supieran lo que pensaba. Pocas cosas
más pueden explicar el por qué, entre enero y febrero de ese mismo año, varios
oficiales nazis disidentes se pusieron en contacto con él para que liderara una
conspiración contra Adolf Hitler. La idea era que, como figura
pública destacada del Tercer Reich, ensombrecieron a la infinidad de
lugartenientes del Führer que trataron de sentarse en la poltrona una vez que
este se hubiese ido al otro mundo.
Por si fuera poco, y como se
señala en la obra «Genios de la estrategia militar:
Erwin Rommel, en Zorro del Desierto», Rommel también era un
oficial reconocido y de alto rango. Dos ventajas que eran claves para que
la Wehrmacht siguiera sus órdenes y, llegado el
momento, pudiera enfrentarse a las ideologizadas tropas de las SS. «Rommel era ambas cosas. A pesar de sus
enemigos en el OKW, era una
figura ampliamente respetada en el ejército, e inclusive en las Waffen-SS, y
además era la figura más popular de Alemania después del propio Hitler. Si se ofrecía a liderar el complot, la
victoria estaría un poco más cerca de sucederse.
Cuando todavía faltaban
meses para que las lanchas de desembarco entrasen por la costa norte de Francia,
Rommel recibió la visita de su amigo Karl Strolin (alcalde permanente de Stuttgart), quien le desveló
la existencia de los campos de exterminio y le invitó a participar en el
complot. El Zorro del Desierto, sin embargo, no era partidario de asesinar al
Führer, ya que, según creía, eso lo convertiría en un mártir. Él apostaba más
bien por ponerle bajo arresto y hacerle comparecer ante un tribunal militar por
sus crímenes. «Aquí cedía a su carácter propio, pues los asesinatos le
repugnaban», explica Paul
Lemond en «Los
secretos ocultos del Tercer Reich». Entonces no
llegaron a nada claro.
Y en ese punto empiezan los vaivenes. Rommel estaba harto de Hitler. Lo
consideraba un inútil que había desatado "una guerra estúpida y
brutal". Un loco sin límite alguno. Además, no hacía mucho
que se había enterado de la existencia de los campos de concentración y sus
monstruosos métodos: doble razón para sacarlo del escenario (Dato: Rommel no
cometió jamás un crimen de guerra, ni siquiera contra los partisanos, nombre
genérico de los movimientos de Resistencia contra el nazismo). No se negó a ser el hombre providencial después
de la caída de Hitler. Pero se negó a que lo mataran: quería que
fuera encarcelado y juzgado.
Creyera o no que
la Segunda Guerra Mundial estaba
perdida, Rommel era un soldado y, como había hecho siempre, combatió en primera
línea contra los Aliados. Quizá fue por ello por lo que, el 17 de julio, la mala fortuna
le atrapó mientras viajaba solo hacia su cuartel general de la localidad gala
de Roche-Guyon. A
eso de las cuatro de la tarde su vehículo fue ametrallado por dos cazas Spitfire británicos. (aunque que como dato
curioso hay que decir que la fuerza área británica no tiene registro de un
ataque aéreo en esa región. Se ha manejado que fue un ataque por parte de
Hitler por su desobediencia.).
El Zorro del Desierto,
el hombre que había hecho temblar a los británicos en El Alamein, salió despedido
del coche. La caída le dejó inconsciente, aunque ese no fue su máximo problema.
Además, sufrió una fractura
cuádruple en el cráneo, heridas en la cara (producidas por los
cristales del parabrisas) y un golpe en el ojo izquierdo que le provocó una
severa hinchazón.
Sin
embargo, y a sus espaldas, el 20 de julio de 1944, durante una reunión en la
Guarida del Lobo, cuartel secreto de Hitler en medio de un bosque, se concretó
la Operación Valquiria. Su jefe, el coronel conde Claus von Stauffenberg, puso
un maletín con dos bombas, debajo de la mesa y muy cerca de Hitler… pero éste
se movió hasta un extremo, y la explosión no lo alcanzó.
Para entonces ya había
perdido el favor del Führer después de que uno de los implicados en el atentado
hubiera repetido varias veces su apellido y de que el Generalleutnant Hans Speidel,
también colaborador activo en el complot, declarara en su contra. Según la
teoría que el controvertido historiador David Irving mantuvo en «El rastro del zorro», es
probable que este conspirador (el único que sobrevivió a la persecución
del Tercer Reich)
acusara al mariscal azuzado por Martin
Bormann y Hermann Goering; dos personajes que envidiaban
a nuestro protagonista.
En todo caso, el accidente fue para
Rommel el triste preludio de su viaje hasta el más allá. Harto de hospitales,
en octubre ya descansaba en su vivienda de Herrlingen. A su lado estaban
su hijo Manfred (quien había pedido un permiso en la unidad de
defensa antiaérea en la que estaba destinado para acompañar a su padre); su
esposa; un capitán de su total confianza y una ordenanza. El día 7, el chico,
entonces de solo 15 años, tuvo que escuchar de la boca de su propio padre que
se había iniciado una persecución contra él y que, a pesar de que le habían
solicitado viajar a Berlín el día 10, se había negado. Su negativa no le sirvió
de nada. Como bien confirma el popular dicho de la
montaña y Mahoma, el 14 de octubre el Tercer Reich fue en su busca.
Así lo explicó el propio Manfred en una carta posterior en la que narró todo lo sucedido: «Mi padre ya estaba bien. Nos vimos a las 11 en punto y, durante el paseo, me dijo que dos generales vendrían ese día. A saber: Meisel y Burgdorf. […] Dijo que el asunto era muy sospechoso y que no estaba seguro de si el motivo que le habían dado, discutir con él su futuro destino en el ejército, no era más que un complot». Padre e hijo caminaron durante una hora, hasta que les informaron de que sus dos 'invitados' habían llegado en un coche de la Wehrmacht conducido por un miembro de las SS.
Así lo explicó el propio Manfred en una carta posterior en la que narró todo lo sucedido: «Mi padre ya estaba bien. Nos vimos a las 11 en punto y, durante el paseo, me dijo que dos generales vendrían ese día. A saber: Meisel y Burgdorf. […] Dijo que el asunto era muy sospechoso y que no estaba seguro de si el motivo que le habían dado, discutir con él su futuro destino en el ejército, no era más que un complot». Padre e hijo caminaron durante una hora, hasta que les informaron de que sus dos 'invitados' habían llegado en un coche de la Wehrmacht conducido por un miembro de las SS.
Rommel, su hijo y los dos generales
acudieron a una sala de la vivienda. «Mi padre me pidió que dejara la
habitación», dejó escrito Manfred en su carta. Antes, el Zorro del Desierto
había solicitado a uno de sus ayudantes que le entregara una carpeta en la que
había recogido decenas de documentos que demostraban que sus decisiones no
habían provocado la debacle de las defensas nazis en el Desembarco de Normandía. Al parecer, temía ser procesado por
ello, como ya les había sucedido a otros tantos oficiales en el frente
soviético. Pero aquel no era el problema. Una hora de charla después, los tres
implicados salieron de la habitación. Los generales se dirigieron entonces al
coche, mientras que Erwin subió las escaleras para hablar con Lucie.
«Vengo a decirte adiós. Dentro
de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el complot para
asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por
Goerdeler en la que me consideraban futuro presidente del Reich. […] Ellos
dicen que Von Stülpnagel, Speidel y Von Hofacker me han denunciado. Es el
método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía
que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por un
tribunal popular».
Por si todavía le quedaban dudas, Hitler ordenó a sus
subordinados informarle de que, si elegía ser juzgado, su carrera se vería
ultrajada y el Reich cargaría también contra su familia y los miembros de su
Estado Mayor. Cuando acabó de hablar con Lucie, Rommel bajó las escaleras, le
contó lo mismo a su hijo y añadió que nadie podría saber que era un suicidio
ordenado por el Führer. Lo cierto es que no tenía muchas más opciones. Además
de estas presiones, las SS habían ubicado guardias en las cercanías de la
vivienda por si trataba de huir. No había a dónde marcharse. El Zorro del
Desierto tomó su decisión. «Ante
todo, debo pensar en mi esposa y en Manfred».
La fúnebre comitiva puso entonces
dirección a Ulm, pero no llegaría muy lejos. A unos 200 metros de la vivienda,
Burgdorf ordenó que el coche se detuviera y que sus ocupantes salieran. Todos
menos él y el Zorro del Desierto. Algunos minutos después, el oficial bajó y
llamó a sus colegas. «Al acercarse, declararon haber visto a Rommel encorvado y
tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo
del vehículo, en los últimos momentos de su agonía», explica el autor. Había tomado
una pastilla de cianuro.
Hitler cumplió su palabra y extendió la mentira de que
Rommel había fallecido aquejado de un fallo cardíaco. A su vez, afirmó a la
opinión pública que el médico responsable del hospital de Ulm había intentado reanimarlo, pero no lo había logrado. En un tiempo récord se organizaron
funerales nacionales a lo largo y ancho de Alemania. El Führer, además, encargó
a un famoso artista diseñar un monumento «para gloria del mariscal». El Reich recordó con
gloria los últimos días del héroe del Afrika Korps, pero no así su mujer, quien no pudo
quitarse de la cabeza «la expresión de un desprecio inefable, que jamás había
visto» en su cadáver.
Las
falacias extendidas por Hitler llegaron incluso a España. El ABC, por ejemplo,
publicó en un artículo titulado «Ha muerto el mariscal Rommel» la versión del
Tercer Reich:
«El general feldmariscal Rommel
ha fallecido, de resultas de la grave herida que en la cabeza recibió en un
accidente de automóvil, siendo jefe de un grupo del Ejército del Oeste. El
Führer ha dispuesto que sean tributadas honras fúnebres nacionales a los restos
de uno de los jefes del Ejército alemán que -se hace resaltar- logró más
victorias y cuyo nombre quedará unido para siempre a la lucha que, durante dos
años, libró el Afrikakorps. Erwin Rommel nació el año 1891 en Neidenheim
(Württemberg) y en la Primera Guerra mundial se distinguió ya por su heroísmo
extraordinario y su temeraria audacia. En el otoño de 1915, siendo primer
teniente, fue condecorado con la Cruz de Hierro, y en 1918, le fue concedida la
preciadísima orden Pour le Merite. En la actual contienda, el mariscal Rommel
ha sido un jefe ejemplar e imbuido del espíritu nacionalsocialista; por sus
méritos en África del Norte fue ascendido al empleo que ahora ostentaba. En
marzo de 1943 le confirió el Führer las hojas de Roble con Espadas y Brillantes
de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro».
Uno de los datos más significativos es que nunca
ha sido acusado de crímenes de guerra ni de actos inhumanos, incluso se asegura
que no supo de los campos de concentración hasta 1944 y que, desde entonces, se
sintió completamente alejado de Hitler y de la guerra alemana.
Como se puede ver en este pequeño trabajo el
caso de Erwin Rommel son de los pocos que se dan en la historia. Es una
desgracia que se conozca más de este tipo de personajes en eventos de tal
envergadura como lo es la guerra. Como ya lo comenté no es para defender al
ejército alemán. Lo hice para que más gente sepa que dentro de cada evento
histórico haya personajes importantes que aportan su grano de arena en la
construcción de un hecho histórico se podría hablar muchas cosas de este
personaje, pero mi intención no es contar su historia paso por paso si no sus
hechos más importantes.
Y tratar de explicar porque este personaje ha
sido fascinante para gente que les gusta los temas bélicos. Pero yo no lo hice
solo por eso mi intención es que más gente conozca más sobre él y vean que la
historia puede ser de gran ayudar para entender el presente. Porque podremos
decir que uno hubiera actuado diferente. Y es válido como opinión, pero no
podemos juzgar el pasado ya que no estuvimos ahí. Y nuestra educación es diferente,
pero si tenemos que entender que tenemos que aprender muchos de los eventos pasados. para no caer en los mismos errores y hacer del presente algo mas para las futuras generaciones.
Este trabajo fue basado en las siguientes
fuentes:
“Vida, gloria, derrota y muerte del mariscal
nazi Erwin Rommel, el Zorro del Desierto que descubrió tarde la locura de Hitler” escrito por
Alfredo Serra para infobae. última edición 15 de abril de 2018. Disponible en
“Rommel, el zorro del
desierto” escrito por Manuel Florentín. Para la vanguardia historia y vida.
Última edición 17 de agosto 2019.disponible en.
La
gran estafa nazi sobre la muerte de Rommel a manos de Hitler en la Segunda
Guerra Mundial. Escrito por Manuel. P. Villatoro. Para ABC. Historia. última
edición el 28 de octubre de 2019. Disponible. En.
imágenes de Rommel y su funeral en google disponible en https://www.google.com/search?q=erwin+rommel+funeral&tbm=isch&rlz=1C1CHBF_esMX828MX835&hl=es-419&ved=2ahUKEwiNkNPYu87lAhUNc60KHbkpBW0QrNwCegQIARBl&biw=1331&bih=638.








Es muy bonita la historia. Solo hay que darle la oportunidad de que nos comparta sus conocimientos
ResponderBorrarMuy buen historia, de personajes no tan conocidos; pero que reflejan la situacion de tantas personas.
ResponderBorrargracias. por comentarlo. fue un trabajo para demostrar que la historia es una ciencia que nos tiene muchas sorpresas
BorrarLa historia, es sumanete importante para entedender el presente y direccionar nuestro futuro. De igual manera, nos da a conocer personajes que muchas veces pensamos no tan importantes en la cronologia humana.
ResponderBorrarMe pareció un trabajo excelente ya que nos da la oportunidad de conocer más allá de lo que solo nos enseñan en la escuela. Ver qué hay personajes q no están de acuerdo con las ideas enfermas de sus líderes y eso como en todos los casos les llega a costar la vida. Es muy importante conocer la historia porque cada época tuvo aspectos positivos y negativo.
ResponderBorrar“Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, cita una famosa frase, y el filósofo alemán G. W. Hegel
Sin duda fue una persona inteligente, aunque no buscan engrandecerlo, puede que lo hayan hecho un poco. Para mi el nazismo es una de las peores etapas de la historia, se dedicaron a matar a gente inocente por razones de "pureza", aunque sin duda fuemanipulado por sus superiores. Lo que deja de enseñanza es que todos somos reemplazables, y eso fue lo que hizo Hitler con él.
ResponderBorrarSin duda debemos leer sobre historia para no repetir los errores
Es muy buena la historia e interesante y es bueno saber sobre los nazis e historia
ResponderBorrarY ver otros ángulos de la misma