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ERWIN ROMMEL


EL ZORRO DEL DESIERTO.

el mariscal de campo alemán que fue ovacionado por el enemigo.
JUAN GARNICA | HISTORIA | 27  Octubre 2019.


El  Gran Zorro del desierto.

Palabras claves: Respeto, Honor, admiración. Triunfos, traición.
  
El presente trabajo no es para tratar de justificar las acciones que hizo el ejército alemán durante el conflicto mundial. Es para reconocer que como en todos los ejércitos del mundo se les enseña a seguir ordenes no importa sí. Están mal, ya que ha existido un pensamiento que ha existo desde tiempos remotos y sigue vigente en los ejércitos de la actualidad que el mando nunca se equivoca y si lo hace pues vuelve a mandar y en este trabajo solo se quiere presentar unos de los logros de un hombre que, aunque peleo para un régimen equivocado fue capaz de dejar huella en sus hombres que estuvieron a su mando, así como a los adversarios que enfrento. Y dejo un legado a las nuevas generaciones que como a un servidor marcaron.

Como ya se mencionó este trabajo no trata de justificar nada solo. Tiene la finalidad de que se conozca un poco de historia de este Mariscal de campo alemán y que se pueda generar un momento de reflexión en lo que tuvo que pasar para dejar una huella en los anales de la historia. Y que basado en fuentes confiables se pueda conocer más a fondo el nombre de Erwin Johannes Eugen Rommel o mejor conocido solo como Erwin Rommel. Y entender porque se ganó el respeto de sus enemigos y el famoso apodo que al escucharlo nos recuerda a un personaje que formo parte de la historia de un país (el zorro del desierto).


Un hecho que ha marcado a la humanidad. En siglo 20 fue el acontecimiento que fue la segunda guerra mundial donde las pérdidas humanas fueron de proporciones inimaginables. Que a través del tiempo han surgido diferentes formas de explicar que fue lo que aconteció dentro de este evento que involucro a gran parte de los países del mundo. Al mencionar este evento lo primero que viene a la mente de la gente es los hechos atroces que hicieron los alemanes en los campos de exterminio. O las muchas brutalidades que hicieron en el campo de batalla.                                 

Pero la verdad tiene varios puntos de vista y la mayoría de la gente se deja de llevar por lo que se escribe a favor de unos cuantos. La historia nos ha demostrado que en los diferentes tiempos. La escribe el ganador siempre a su favor engrandeciendo sus propios actos y haciendo que los de los enemigos sean los abominables para engrandecer y fortalecer el patriotismo de un país.

Tal es el caso del Mariscal de campo Erwin Rommel. Que peleo hasta el final con una caballerosidad en el campo de batalla. Pero que solo unos cuantos reconocen que fue un militar excepcional. Capaz de dar pelea con los pocos recursos que tenía a su alcance.


Fue el mariscal de campo más joven de la historia alemana. Sus cualidades y su valor, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, hicieron de él el oficial más respetado por los Aliados.







Dos años antes de la Primera Guerra Mundial, Erwin es un formidable instructor de tropas: pasión, capacidad didáctica, cuerpo incansable, y casi un asceta: no fuma, no toma alcohol –un alemán raro avista–, no frecuenta bailes (¡y menos cuevas non sanctas!), y en todo momento se comporta como un caballero: rasgo que lo acompaño toda su vida.

Pero aún le faltaba el bautismo de sangre. Y sucedió el 22 de agosto de 1914 en la frontera franco–belga. Marcha sólo con dos soldados y un suboficial, descubre una patrulla de veinte soldados franceses acampados, ¡y abre fuego! Cuatro contra veinte. Mata a la mitad, y bate en retirada…sin bajas propias.

Un mes después, como enlace en solitario, se topa con una patrulla de cinco soldados franceses. Dispara. Mata a dos. Y en lugar de recargar su fusil, carga a la bayoneta contra los otros tres, que huyen.

Por esa acción gana su primera medalla: la Cruz de Hierro de segunda clase. Seguirían la Cruz de hierro de Primera Clase, la Cruz de Hierro con hojas de roble, espadas y diamantes, la Orden Pour le Mèrite, la Insignia de Asalto Panzer en Plata, y la Medalla de Herido, en Oro.

Al estallar la Primera Guerra Mundial fue enviado con su regimiento a la zona del Argonne. Rápidamente destacó por su valor y fue ascendido a teniente. Recibió su primera herida al quedarse sin munición y atacar en solitario con la bayoneta calada contra tres soldados franceses. También destacó por su audacia, dando golpes de mano tras las líneas enemigas. Se ganó un gran respeto entre sus hombres, ya que siempre iba al frente de los mismos. Galardonado en 1915 con la Cruz de Hierro de primera clase, fue adiestrado en guerra de montaña y enviado al frente rumano.
También destacó por su audacia, dando golpes de mano tras las líneas enemigas. Se ganó un gran respeto entre sus hombres, ya que siempre iba al frente de los mismos. Después le transfirieron al frente italiano, donde consagró su imagen de intrépido en el Matajur. Escaló con sus hombres más de 2.000 metros y cayó por la retaguardia sobre los italianos. En 52 horas, y con solo seis bajas, capturó a 150 oficiales, 9.000 soldados y 81 cañones. Su hazaña le deparó el ascenso a capitán.
Una muestra de su astucia fue el modo en que poco después tomó Longarone con un puñado de hombres. Hizo disparar desde distintas posiciones, lo que convenció a la guarnición de que estaba rodeada y la llevó a la rendición. Fue condecorado con una de las principales distinciones alemanas, Pour le Mérite, hasta entonces reservada a los generales. El final de la guerra le sorprendió como integrante del Estado Mayor del 64 Cuerpo de Ejército.

Alemania capitula.


El Tratado de Versalles permitió que las fuerzas derrotadas se redujeran a cien mil hombres liderados por cuatro mil oficiales de élite: Ejercito  de la república de Weimar... que debía crecer de la mano de un lider militar. y ese hombre fue Rommel.
Dedicado a eso en cuerpo y alma, el primer día de abril de 1932 fue puesto al mando del Tercer Batallón del 17º Regimiento de Infantería de Montaña. Y en el desfile de la Pascua de 1935… se encontró por primera vez con Hitler.
Su relación con Hitler empezó en Goslar, cuando este se fijó en la preparación de su regimiento. Rommel, con él en cabeza, hacía subir y bajar un monte cuatro veces seguidas. Era un maniático del adiestramiento continuo. Afirmaba que “sudar ahorra sangre”.
En 1937, a la luz de su vasta experiencia en combate, el favorito del Führer desde aquel episodio publica su único libro: Infanterie greift an (La Infantería ataca), repetido en decenas de ediciones, traducido a varios idiomas y biblia guerrera de lectura obligatoria en infinitas academias militares del mundo.


La obra sorprendió gratamente a Hitler, que le nombró comandante en jefe de su batallón de de escolta durante sus visitas a Austria y , ya estallada  Segunda Guerra Mundial, a los Sudestes, Praga y Polonia. Rommel, ascendido a general, aprovechó estos viajes para estudiar sobre el terreno la manera de llevar a cabo la Blitzkrieg (guerra relámpago). Su estrecha relación con Hitler le permitió acceder al mando de la 7ª División Panzer, a pesar de las protestas del Estado Mayor alemán. el 15 de febrero de 1940, el Zorro alcanzó el cenit de su carrera: la Séptima División Panzer. Que sería llamada "La división fantasma" por la sorpresa, la velocidad y la destrucción con que ese Deutsches Afrikakorps se adueñaba de cuánto objetivo se proponía usando la letal técnica de la Blitzkrieg –la guerra relámpago–, y con su jefe al frente, muchas veces a riesgo de morir en combate…

En una marcha meteórica, tras cruzar la frontera belga alcanzó Cherburgo, capturando a 30.000 soldados franceses y británicos. Días antes había tomado Saint-Valéry, donde logró la rendición de otros 13.000 hombres. Parte de su éxito se debía a la rapidez que imprimió a sus unidades. Los franceses bautizaron la 7ª Panzer como “la división fantasma”, porque nunca se sabía dónde estaba. Tampoco lo sabía el cuartel general alemán, ya que Rommel ordenaba cerrar la comunicación mientras avanzaba para “no ser molestado” 

¿Superhombre?

En 1941, tras ser ascendido a teniente general, Hitler le ordenó que se hiciera cargo del Afrika Korps. Formado por la 5ª y la 15 división Panzer, debía acudir al norte de África en ayuda de los aliados italianos, que estaban siendo arrollados por las tropas de la Commonwealth. Desembarcó en Trípoli y, nada más llegar, puso a prueba su astucia. Ordenó desfilar a sus tropas haciendo que cada carro diese varias vueltas para que el contingente pareciese mucho mayor.


Su implacable ataque desalojó a los británicos de El Agheila y Mersa Brega. Poco después se hallaba en Bardia-Solum, obligando a los británicos a atrincherarse en Tobruk. Fue tan vertiginosa su progresión y tal el cúmulo de triquiñuelas usadas en el campo de batalla que la leyenda de Rommel trascendió sus propias filas para alcanzar las líneas británicas, en donde se le bautizó como “el zorro del desierto”.
Sus éxitos le depararon la Cruz de Hierro con hojas de roble, espadas y diamantes tras la toma de Bengasi, y el ascenso a mariscal de campo, el más joven de la historia de Alemania. Espartano hasta la médula, lo celebró, tras la conquista de Tobruk, tomando con su Estado Mayor una lata de piña y un vaso de whisky de los británicos.

Perseverancia.

La guerra del desierto estaba hecha “para jóvenes”, decía Rommel. Sin embargo, pese a sus 50 años, se mantenía firme. No parecían afectarle ni el frío ni el calor, ni el hambre ni la sed. Como Napoleón, tenía suficiente con unos minutos de sueño, apoyando la cabeza en la mesa o en el volante del coche. Dormía en el suelo, recibía el mismo rancho y la misma ración de agua que la tropa y los prisioneros –que, en momentos difíciles, fue de media taza al día–. Al desierto sólo llevaba dos rebanadas de pan y una cantimplora con té frío que solía regresar llena. Bebía un vaso de vino mientras oía las noticias por radio y todas las noches escribía una carta a su esposa. Después despachaba los documentos oficiales y leía la prensa y algún libro de estrategia militar o de historia del norte de África. Como en Francia, Rommel siempre iba al frente de sus tropas, por entonces en un Dorchester capturado a los británicos.

A sus hombres les reconfortaba verle a su lado, escrutando el horizonte con los gemelos que había requisado al capturar al general británico Richard O’Connor. Rommel era muy estricto con sus oficiales, nunca les admitía que algo fuera imposible; en cambio era cordial con la tropa, con la que siempre tenía una broma que gastar. Le gustaba encontrarse con soldados de Suabia para hablar con ellos en su dialecto.

Siempre liderando su Blitzkrieg, batió en retirada a los ocupantes y recuperó Tobruk: sus 33 mil defensores se rindieron. Pero la sombra de la derrota y de su buena estrella fue el Alamein, a cien kilómetros de Alejandría. Rommel cayó con tanques, armas y bagajes. Se quedó sin gasolina –error de Hitler–, y los aliados, con la máquina Enigma, detectaron todos los mensajes secretos alemanes.

La decepción.

Pese a que reciclaba todo vehículo y arma capturados a los británicos, solo le quedaban 50 carros de combate operativos. Sus tropas estaban exhaustas. No le llegaban suministros ni gasolina, ya que los británicos controlaban el mar y el aire desde Malta. Por otro lado, la campaña de Rusia acaparaba todos los esfuerzos alemanes. Enfermo, regresó a Alemania y aprovechó para entrevistarse con Hitler. Solo recibió de él vanas esperanzas sobre “nuevas armas” que cambiarían el curso de la guerra. Se sintió defraudado.
Ante el desastre y la segura masacre de sus hombres, Rommel ordenó retirada. Hitler enloqueció y lanzó su eterna y delirante orden: la que no acalló ni siquiera cuando los aliados golpearon las puertas de su bunker:
¡Nada de retiradas! –un aullido que condenaba a muerte a los suyos. Rommel llega a la conclusión de que a Hitler no le importa la vida de nadie.

EL DIA D.


Y llegó el principio del fin. El 6 de junio de 1944. El Día D. La Operación Overlord. El mayor ataque por aire, mar y tierra de la historia moderna. Y ante esa ola apocalíptica… los peores errores estratégicos de Hitler. Nada pudieron hacer Rommel y sus blindados. La guerra, el sueño del Tercer Reich de los Mil Años, era sólo muerte, ciudades despedazadas, papel mojado…

Rommel pensaba que el desembarco tendría lugar en Normandía, pero tanto el mariscal como el Führer estimaban que se haría por el paso de Calais, la zona más estrecha del canal de la Mancha. Von Rundstedt no le dio permiso para agrupar las unidades blindadas en torno a las playas y las mantuvo en el interior. De atender a Rommel, quizás el día D habría tenido otro resultado.

Cuando se produjo el desembarco, en junio de 1944, Rommel había regresado a Alemania para celebrar en Herrlingen el cumpleaños de su mujer; estimaba que, dado el mal tiempo reinante, se aplazaría la invasión. No fue así, y tuvo que regresar de inmediato a su cuartel general en La Roche-Guyon. Rommel se fue convenciendo de que la guerra no podía ganarse y se lo hizo saber a Hitler. Este le consideró un derrotista.

El Gran Complot.

El comienzo de esta historia nos lleva hasta 1944, un año en que el viejo Zorro ya empezaba a barruntar que era imposible ganar la Segunda Guerra Mundial. Según parece, se preocupó de que muchos de sus allegados supieran lo que pensaba. Pocas cosas más pueden explicar el por qué, entre enero y febrero de ese mismo año, varios oficiales nazis disidentes se pusieron en contacto con él para que liderara una conspiración contra Adolf Hitler. La idea era que, como figura pública destacada del Tercer Reich, ensombrecieron a la infinidad de lugartenientes del Führer que trataron de sentarse en la poltrona una vez que este se hubiese ido al otro mundo.

Por si fuera poco, y como se señala en la obra «Genios de la estrategia militar: Erwin Rommel, en Zorro del Desierto», Rommel también era un oficial reconocido y de alto rango. Dos ventajas que eran claves para que la Wehrmacht siguiera sus órdenes y, llegado el momento, pudiera enfrentarse a las ideologizadas tropas de las SS. «Rommel era ambas cosas. A pesar de sus enemigos en el OKW, era una figura ampliamente respetada en el ejército, e inclusive en las Waffen-SS, y además era la figura más popular de Alemania después del propio Hitler. Si se ofrecía a liderar el complot, la victoria estaría un poco más cerca de sucederse.

Cuando todavía faltaban meses para que las lanchas de desembarco entrasen por la costa norte de Francia, Rommel recibió la visita de su amigo Karl Strolin (alcalde permanente de Stuttgart), quien le desveló la existencia de los campos de exterminio y le invitó a participar en el complot. El Zorro del Desierto, sin embargo, no era partidario de asesinar al Führer, ya que, según creía, eso lo convertiría en un mártir. Él apostaba más bien por ponerle bajo arresto y hacerle comparecer ante un tribunal militar por sus crímenes. «Aquí cedía a su carácter propio, pues los asesinatos le repugnaban», explica Paul Lemond en «Los secretos ocultos del Tercer Reich». Entonces no llegaron a nada claro.

Y en ese punto empiezan los vaivenes. Rommel estaba harto de Hitler. Lo consideraba un inútil que había desatado "una guerra estúpida y brutal". Un loco sin límite alguno. Además, no hacía mucho que se había enterado de la existencia de los campos de concentración y sus monstruosos métodos: doble razón para sacarlo del escenario (Dato: Rommel no cometió jamás un crimen de guerra, ni siquiera contra los partisanos, nombre genérico de los movimientos de Resistencia contra el nazismo). No se negó a ser el hombre providencial después de la caída de Hitler. Pero se negó a que lo mataran: quería que fuera encarcelado y juzgado.

Creyera o no que la Segunda Guerra Mundial estaba perdida, Rommel era un soldado y, como había hecho siempre, combatió en primera línea contra los Aliados. Quizá fue por ello por lo que, el 17 de julio, la mala fortuna le atrapó mientras viajaba solo hacia su cuartel general de la localidad gala de Roche-Guyon. A eso de las cuatro de la tarde su vehículo fue ametrallado por dos cazas Spitfire británicos. (aunque que como dato curioso hay que decir que la fuerza área británica no tiene registro de un ataque aéreo en esa región. Se ha manejado que fue un ataque por parte de Hitler por su desobediencia.).

El Zorro del Desierto, el hombre que había hecho temblar a los británicos en El Alamein, salió despedido del coche. La caída le dejó inconsciente, aunque ese no fue su máximo problema. Además, sufrió una fractura cuádruple en el cráneoheridas en la cara (producidas por los cristales del parabrisas) y un golpe en el ojo izquierdo que le provocó una severa hinchazón.

 Sin embargo, y a sus espaldas, el 20 de julio de 1944, durante una reunión en la Guarida del Lobo, cuartel secreto de Hitler en medio de un bosque, se concretó la Operación Valquiria. Su jefe, el coronel conde Claus von Stauffenberg, puso un maletín con dos bombas, debajo de la mesa y muy cerca de Hitler… pero éste se movió hasta un extremo, y la explosión no lo alcanzó.


Para entonces ya había perdido el favor del Führer después de que uno de los implicados en el atentado hubiera repetido varias veces su apellido y de que el Generalleutnant Hans Speidel, también colaborador activo en el complot, declarara en su contra. Según la teoría que el controvertido historiador David Irving mantuvo en «El rastro del zorro», es probable que este conspirador (el único que sobrevivió a la persecución del Tercer Reich) acusara al mariscal azuzado por Martin Bormann y Hermann Goering; dos personajes que envidiaban a nuestro protagonista.

En todo caso, el accidente fue para Rommel el triste preludio de su viaje hasta el más allá. Harto de hospitales, en octubre ya descansaba en su vivienda de Herrlingen. A su lado estaban su hijo Manfred (quien había pedido un permiso en la unidad de defensa antiaérea en la que estaba destinado para acompañar a su padre); su esposa; un capitán de su total confianza y una ordenanza. El día 7, el chico, entonces de solo 15 años, tuvo que escuchar de la boca de su propio padre que se había iniciado una persecución contra él y que, a pesar de que le habían solicitado viajar a Berlín el día 10, se había negado. Su negativa no le sirvió de nada. Como bien confirma el popular dicho de la montaña y Mahoma, el 14 de octubre el Tercer Reich fue en su busca.

 Así lo explicó el propio Manfred en una carta posterior en la que narró todo lo sucedido: «Mi padre ya estaba bien. Nos vimos a las 11 en punto y, durante el paseo, me dijo que dos generales vendrían ese día. A saber: Meisel y Burgdorf. […] Dijo que el asunto era muy sospechoso y que no estaba seguro de si el motivo que le habían dado, discutir con él su futuro destino en el ejército, no era más que un complot». Padre e hijo caminaron durante una hora, hasta que les informaron de que sus dos 'invitados' habían llegado en un coche de la Wehrmacht conducido por un miembro de las SS.

Rommel, su hijo y los dos generales acudieron a una sala de la vivienda. «Mi padre me pidió que dejara la habitación», dejó escrito Manfred en su carta. Antes, el Zorro del Desierto había solicitado a uno de sus ayudantes que le entregara una carpeta en la que había recogido decenas de documentos que demostraban que sus decisiones no habían provocado la debacle de las defensas nazis en el Desembarco de Normandía. Al parecer, temía ser procesado por ello, como ya les había sucedido a otros tantos oficiales en el frente soviético. Pero aquel no era el problema. Una hora de charla después, los tres implicados salieron de la habitación. Los generales se dirigieron entonces al coche, mientras que Erwin subió las escaleras para hablar con Lucie.

«Vengo a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora estaré muerto. Sospechan que tomé parte en el complot para asesinar a Hitler. Al parecer, mi nombre estaba en una lista hecha por Goerdeler en la que me consideraban futuro presidente del Reich. […] Ellos dicen que Von Stülpnagel, Speidel y Von Hofacker me han denunciado. Es el método que emplean siempre. Les he contestado que no creía lo que decían, que tenía que ser mentira. El Führer me da a elegir entre el veneno o ser juzgado por un tribunal popular». 

Por si todavía le quedaban dudas, Hitler ordenó a sus subordinados informarle de que, si elegía ser juzgado, su carrera se vería ultrajada y el Reich cargaría también contra su familia y los miembros de su Estado Mayor. Cuando acabó de hablar con Lucie, Rommel bajó las escaleras, le contó lo mismo a su hijo y añadió que nadie podría saber que era un suicidio ordenado por el Führer. Lo cierto es que no tenía muchas más opciones. Además de estas presiones, las SS habían ubicado guardias en las cercanías de la vivienda por si trataba de huir. No había a dónde marcharse. El Zorro del Desierto tomó su decisión. «Ante todo, debo pensar en mi esposa y en Manfred».
La fúnebre comitiva puso entonces dirección a Ulm, pero no llegaría muy lejos. A unos 200 metros de la vivienda, Burgdorf ordenó que el coche se detuviera y que sus ocupantes salieran. Todos menos él y el Zorro del Desierto. Algunos minutos después, el oficial bajó y llamó a sus colegas. «Al acercarse, declararon haber visto a Rommel encorvado y tendido en el asiento trasero, con la gorra y el bastón de mariscal en el suelo del vehículo, en los últimos momentos de su agonía», explica el autor. Había tomado una pastilla de cianuro.
Hitler cumplió su palabra y extendió la mentira de que Rommel había fallecido aquejado de un fallo cardíaco. A su vez, afirmó a la opinión pública que el médico responsable del hospital de Ulm había intentado reanimarlo, pero no lo había logrado. En un tiempo récord se organizaron funerales nacionales a lo largo y ancho de Alemania. El Führer, además, encargó a un famoso artista diseñar un monumento «para gloria del mariscal». El Reich recordó con gloria los últimos días del héroe del Afrika Korps, pero no así su mujer, quien no pudo quitarse de la cabeza «la expresión de un desprecio inefable, que jamás había visto» en su cadáver.

Las falacias extendidas por Hitler llegaron incluso a España. El ABC, por ejemplo, publicó en un artículo titulado «Ha muerto el mariscal Rommel» la versión del Tercer Reich:
«El general feldmariscal Rommel ha fallecido, de resultas de la grave herida que en la cabeza recibió en un accidente de automóvil, siendo jefe de un grupo del Ejército del Oeste. El Führer ha dispuesto que sean tributadas honras fúnebres nacionales a los restos de uno de los jefes del Ejército alemán que -se hace resaltar- logró más victorias y cuyo nombre quedará unido para siempre a la lucha que, durante dos años, libró el Afrikakorps. Erwin Rommel nació el año 1891 en Neidenheim (Württemberg) y en la Primera Guerra mundial se distinguió ya por su heroísmo extraordinario y su temeraria audacia. En el otoño de 1915, siendo primer teniente, fue condecorado con la Cruz de Hierro, y en 1918, le fue concedida la preciadísima orden Pour le Merite. En la actual contienda, el mariscal Rommel ha sido un jefe ejemplar e imbuido del espíritu nacionalsocialista; por sus méritos en África del Norte fue ascendido al empleo que ahora ostentaba. En marzo de 1943 le confirió el Führer las hojas de Roble con Espadas y Brillantes de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro».

Uno de los datos más significativos es que nunca ha sido acusado de crímenes de guerra ni de actos inhumanos, incluso se asegura que no supo de los campos de concentración hasta 1944 y que, desde entonces, se sintió completamente alejado de Hitler y de la guerra alemana.

Como se puede ver en este pequeño trabajo el caso de Erwin Rommel son de los pocos que se dan en la historia. Es una desgracia que se conozca más de este tipo de personajes en eventos de tal envergadura como lo es la guerra. Como ya lo comenté no es para defender al ejército alemán. Lo hice para que más gente sepa que dentro de cada evento histórico haya personajes importantes que aportan su grano de arena en la construcción de un hecho histórico se podría hablar muchas cosas de este personaje, pero mi intención no es contar su historia paso por paso si no sus hechos más importantes.
Y tratar de explicar porque este personaje ha sido fascinante para gente que les gusta los temas bélicos. Pero yo no lo hice solo por eso mi intención es que más gente conozca más sobre él y vean que la historia puede ser de gran ayudar para entender el presente. Porque podremos decir que uno hubiera actuado diferente. Y es válido como opinión, pero no podemos juzgar el pasado ya que no estuvimos ahí. Y nuestra educación es diferente, pero si tenemos que entender que tenemos que aprender muchos de los eventos pasados. para no caer en los mismos errores y hacer del presente algo mas para las futuras generaciones.


Este trabajo fue basado en las siguientes fuentes:

Vida, gloria, derrota y muerte del mariscal nazi Erwin Rommel, el Zorro del Desierto que descubrió tarde la locura de Hitler” escrito por Alfredo Serra para infobae. última edición 15 de abril de 2018. Disponible en

“Rommel, el zorro del desierto” escrito por Manuel Florentín. Para la vanguardia historia y vida. Última edición 17 de agosto 2019.disponible en.

La gran estafa nazi sobre la muerte de Rommel a manos de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Escrito por Manuel. P. Villatoro. Para ABC. Historia. última edición el 28 de octubre de 2019. Disponible. En.

“Erwin Rommel: el ídolo caído” escrito por Enrique Müller para el país el 2 de noviembre de 2012 disponible https://elpais.com/cultura/2012/11/02/actualidad/1351863233_809954.html

  

Comentarios

  1. Es muy bonita la historia. Solo hay que darle la oportunidad de que nos comparta sus conocimientos

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  2. Muy buen historia, de personajes no tan conocidos; pero que reflejan la situacion de tantas personas.

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    1. gracias. por comentarlo. fue un trabajo para demostrar que la historia es una ciencia que nos tiene muchas sorpresas

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  3. La historia, es sumanete importante para entedender el presente y direccionar nuestro futuro. De igual manera, nos da a conocer personajes que muchas veces pensamos no tan importantes en la cronologia humana.

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  4. Me pareció un trabajo excelente ya que nos da la oportunidad de conocer más allá de lo que solo nos enseñan en la escuela. Ver qué hay personajes q no están de acuerdo con las ideas enfermas de sus líderes y eso como en todos los casos les llega a costar la vida. Es muy importante conocer la historia porque cada época tuvo aspectos positivos y negativo.
    “Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, cita una famosa frase, y el filósofo alemán G. W. Hegel

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  5. Sin duda fue una persona inteligente, aunque no buscan engrandecerlo, puede que lo hayan hecho un poco. Para mi el nazismo es una de las peores etapas de la historia, se dedicaron a matar a gente inocente por razones de "pureza", aunque sin duda fuemanipulado por sus superiores. Lo que deja de enseñanza es que todos somos reemplazables, y eso fue lo que hizo Hitler con él.
    Sin duda debemos leer sobre historia para no repetir los errores

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  6. Es muy buena la historia e interesante y es bueno saber sobre los nazis e historia
    Y ver otros ángulos de la misma

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